El amor organizado contra el tiempo 🌊

Dos semanas en el fediverso

Hace dos semanas y pico que me decidí a meter la patita en la alternativa por excelencia a las redes sociales convencionales. Tenía ya una cuenta de Pixelfed, un lugar bastante tranquilito, y quise probar la versión de Firefish (un Mastodon que no es Mastodon) que llevaba el admin de mi instancia de Pixelfed, un tipo bastante majo.

La bienvenida fue sorprendente y agradable, con un montón de follows (más de 30, si no recuerdo mal) en las primeras 24 horas y un montón de impulsos (retuits, para la gente de otros lares) a mi carta de presentación. Sin duda la cosa prometía.

Pero no todo lo que reluce es oro. Ahora que ha pasado algo de tiempo, puedo empezar a identificar las cosas que me preocupan o que directamente no me gustan del fediverso, que, spoiler, no son por ser fediverso, sino por ser "red social".

Partimos de la base de que cuando yo dejé redes sociales, en julio de 2019 si no recuerdo mal, las dejé prácticamente como una forma de salvar la vida. Eran o ellas o yo. Era absolutamente adicta a Twitter y a Instagram, sobre todo a Twitter, y un enorme porcentaje de mi personalidad estaba basado en la personalidad colectiva que es esa red social. Pensaba en tuits, era la primera aplicación que consultaba al despertarme y la última que miraba antes de dormirme, mi socialización, incluso en persona, radicaba en Twitter (mis amigos de la vida real eran amigos de Twitter y mis otros amigos de Twitter eran potenciales amigos de la vida real; mis amigos de la vida real sin Twitter eran prácticamente reliquias del pasado), y yo no era nadie si nadie me veía. Paradójicamente, Digital Witness fue la canción que hizo que me gustara St. Vincent, pero ignoré el mensaje por completo o lo vestí con quince capas de ironía para que no me tocara ni un poquito.

Cuando me fui, como iba diciendo, en mi mente lo hice echando gasolina a todo ello, incluyendo a mi personalidad tuitera, y tirando una cerilla cuando ya me había dado la vuelta y me dirigía hacia lo desconocido. Lo desconocido resultó ser mucho menos revolucionario de lo que me había esperado: un revoltijo de trabajo, limpiar la arena de las gatas, poner lavadoras, hacer la comida, hablar con mis amigos sin Twitter, viajar para ver a mis amigos sin Twitter... Nada de tener tiempo de repente para leerme todos los Episodios Nacionales de Galdós o aprender a programar con la esperanza de algún día salir de pobre.

Pero aun así, aun sin lo revolucionario, era tranquilo. No tener por qué pensar en tuits me daba tranquilidad. Que mis pensamientos fueran míos y de nadie más me daba tranquilidad. Escuchar una canción que me alucinaba sin necesitar compartirla con los demás me daba tranquilidad. Meterle la chapa sobre algo a un amigo cuando nos juntábamos en vez de mecionar de pasada ese algo frente a un montón de gente a la que en realidad se la sudaba el tema me daba tranquilidad.

Y claro que echaba de menos ciertas cosas, pero sin duda sentía que había ganado. Fast forward al momento actual, me preocupan las siguientes cosas:

Veo sin duda también a gente purísima compartiendo sus hobbies, sus blogs, sus reflexiones sin necesidad de ser profundísimas, haciendo el buen shitposting, etc., que son los que me mantienen a flote. Pero ahora mismo no sé muy bien gestionarme a mí ni sé muy bien gestionar todo lo demás. No sé cómo va a acabar esto.

Seguiremos informando 🫡


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