Volver a casa por Navidad
Hace mucho tiempo que no escribo a la más absoluta nada y el más absoluto todo que es internet. Y, desde luego, hace una barbaridad de tiempo que no escribo un blog. No sé si nunca tuve un blog siquiera (me cuesta hablar de Fotolog o de los Grupos de MSN en esos términos).
Han pasado cuatro años y medio desde que me cerré redes sociales y limité toda comunicación al IRL y cierta app de mensajería instantánea. Mentiría si dijera que ha sido difícil. Mentiría si dijera que no he hecho alguna que otra trampa (Nitter, I'm looking at you). Mentiría sobre todo si dijera que no he echado de menos algunas cosas.
La mayoría de esas cosas que echo de menos las echo de menos de una forma muy similar a como puedo echar de menos a una ex: con una ternura empapada de nostalgia y, al mismo tiempo, una punzada de terror ante la sola idea de volver; con esa mirada compasiva hacia la "probre ñiña" que habitaba esa relación/plataforma, que requería tanta atención, que anhelaba tanto amor, totalmente ajena al hecho de que ni una pareja ni todos los likes del mundo van a llenar el vacío de su interior.
En estos años me temo que el vacío no se ha llenado, pero al menos he aprendido a tolerar (en mayor o menor medida, según me levante) su existencia y a confiar en que en algún momento estará bien llenito de lo que realmente debe contener.
También hace muchos años, unos cuantos más, que no "vuelvo a casa" por Navidad. Soy como un caracolito y mi casa está en el exacto lugar en el que yo esté viviendo (lo siento si sueno como una canción de Hidrogenesse), por lo que me es físicamente imposible "volver" a ningún lado. Algunas fiestas de guardar las paso acompañada y otras no. La de hoy, por ejemplo, no.
Aun así, por motivos que desconozco, el espíritu navideño está más vivo que nunca en mí, y quizás en parte por eso estoy aquí. La Navidad se relaciona siempre con reencuentros, reconciliaciones, declaraciones de amor. Quizás hoy que no tengo ningún lugar físico al que volver, que no tengo nadie con quien pasar físicamente el día, sea el mejor momento para reencontrarme y reconciliarme con el que desde muy pequeñita ha sido mi hogar paralelo, mi refugio: internet.
Para la declaración de amor creo que aún es pronto. Me da que tenemos que reconocernos y reconectar antes de que pueda volver a gritar a los cuatro vientos que lo quiero. Pero sí lo echo de menos y quiero volver a intentarlo.
No echo de menos las opiniones polarizadas, el autodesprecio irónico, tener que ser la más graciosa y la más ocurrente todo el rato, darle pabajo a la pantalla como si fuera la palanca de una tragaperras a ver si hay algo nuevo en mi timeline, tener una opinión de todo, leer solo a gente que siempre cree tener la razón, creer que siempre tengo la razón, la exposición desmesurada, ver a los demás solo en la medida en que se parecen a mí e ignorar todo lo que no tiene directamente que ver conmigo, sentir que tengo que "aparecerle" a la gente para que no se olvide de mí, usar plataformas que se lucran de cada segundo de mi atención.
Echo de menos compartir, expresarme, poder poner en palabras si quiero las millones de cosas que pienso al día y que de otra manera desaparecen para siempre, la posibilidad de (re)conectar con (des)conocidxs... pero, sobre todo, echo de menos creer en internet. En ese lugar mágico en el que todo podía pasar, en el que tú eras una gota de agua en un océano enorme que te mece, te lleva, te cuida, te aporta y al que sientes que tú también aportas.
Hace varios meses descubrí esta plataforma, Bear Blog, que encarna todos los valores de aquel internet, del que puede ser este internet, el que ahora llaman "Tiny Internet" y a mí me gusta llamar "internet pequeñito". Llevo desde entonces deseando atreverme a poner un ladrillo en este hogar común en el que tanta fe tengo, así que —como el turras aquel de Love Actually— without hope or agenda, just because it's Christmas...
I'm back.
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